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Imagínate que tienes una herida en alguna parte de tu cuerpo, en alguna parte que no puedes ubicar exactamente, y que no puedes, tampoco, ver ni tocar, y supón que esa herida te duele y amenaza abrirse o se abre cuando te olvidas de ella y haces lo que no debes, inclinarte, correr, luchar o reír (…) No te quedan más que dos caminos: o renunciar a vivir así, haciendo a propósito lo que no debes, o vivir así evitando lo que no debes.
Hijo de ladrón, Manuel Rojas
(Fuente: esnifandosentimientos)
