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Quisieron hablar pero no pudieron. Tenían lágrimas en los ojos. Ambos estaban pálidos y demacrados; pero sobre sus rostros enfermizos brillaba ya la aurora de un renacimiento completo. El amor los regeneraba; el corazón del uno encerraba una agotable fuente de vida para el corazón del otro.
Crimen y castigo, Fedor Dostoievski
(Fuente: esnifandosentimientos)
